Además, para mí, estar con la cantera, estar inmerso en el mundo del fútbol base es una aventura diaria de la que me gusta disfrutar.
Disfrutar siempre que pueda, porque como todo ser humano tengo mis límites.
En el fútbol se saborean momentos dulces pero también toca pasar por tragos amargos.
Has de estar preparado para ambas cosas. Para lo bueno y para lo malo.
Lo más importante es que se reconozca tu labor, porque de esta manera los malos momentos se hacen más llevaderos.
Siempre he intentado que el fútbol y su entorno no me quiten el sueño. A veces se consigue, a veces no. Depende cómo uno se tome las cosas.
A mí me gusta el rigor y la seriedad. Como entrenador, la disciplina, en esto del fútbol, es mi máxima. Antepongo la educación y el respeto, la enseñanza de los valores humanos más esenciales a ganar el partido y llevarme los tres puntos en juego.
Suelo ser prudente y comedido, pero ¡ojo! ¡Qué nadie se piense que voy a pasar por tonto!
No me gustan las injusticias, al contrario suelo rebelarme contra ellas. En el fútbol se dan muy a menudo, también en el fútbol base, pero lo más responsable, en la mayoría de las ocasiones, es dejarlo pasar. Una vez terminado el partido, los jugadores, árbitros y entrenadores se dan las manos, se saludan y cada uno a su casa, sin rencores.
Con el fútbol te sube la adrenalina. Te cambia el carácter. Te puedes convertir en una persona irascible si no eres capaz de controlarte y, en el fútbol base, acabas convirtiéndote en un mal ejemplo para los chicos (o chicas) a los que entrenas y que, a veces, ven en ti a un espejo en el que reflejarse.
Entrenar no es fácil. No se trata sólo de saber de fútbol, se trata también de saber llevar un vestuario, tanto individual como colectivamente. Y eso no se aprende de un día para otro. Hay que echar muchas horas y pasar algunos malos ratos también para al final llenarte de una satisfacción interior al ver que has conseguido lo que te proponías al principio de temporada, que en mi caso no es otra cosa que HACER EQUIPO.
Los resultados de los partidos, en el fútbol base, tienen que ser algo superficial. Ganar le gusta a todo el mundo, a mí también, lo importante es saber perder. Asumir y ser capaz de digerir las derrotas no es fácil, ni tampoco lo es el ser capaz de transmitirlo, porque a veces puede parecer que vas de perdedor.
Hay que ser realista y saber lo que uno tiene, de lo que uno dispone. En esta temporada yo sé desde un principio qué equipo hay y hasta dónde se puede llegar con los jugadores de los que dispongo.
A pesar de que entrenar me encanta, en esta temporada tengo que ponerle punto y final porque la salud es lo primero.
Terminaba el texto de la entrada anterior diciendo que se necesita un cambio para afrontar las cinco jornadas que quedan por disputarse. El equipo necesita un cambio y ese cambio empieza por el entrenador, máxime cuando en el día de ayer el estado de salud me volvió a jugar una mala pasada. Quizás así se puede enmendar la situación deportiva por la que atraviesa el equipo en estos momentos.
Cuando llegué a mi casa ayer después del partido y corroboré mis sospechas, me dije a mí mismo: ¡Basta!
Sábado, 20 de marzo de 2010. Fue un enorme placer pero, en esta temporada, hasta aquí hemos llegado. Adiós equipo, adiósssssssssssssss.