Habiendo hecho un primer balance de los resultados del equipo, voy hoy a hacer un segundo sobre el comportamiento de los jugadores a lo largo de la temporada 2007-2008.
Toda aquella persona que haya seguido el blog (y al equipo) a lo largo de la temporada habrá podido comprobar que yo le he estado dando mucha importancia a la disciplina dentro del grupo, al comportamiento de los jugadores en el campo y en el vestuario, tanto en los entrenamientos como en los partidos.
Lo que ocurre en el vestuario siempre se les dice que es ahí donde debe quedarse, pero a mi me consta que no es así. Son niños y es normal, y más que comprensible, que se lo cuenten a sus familiares o incluso a sus amigos. Es más, hemos llegado a tener, según algunos de los otros compañeros del equipo, a un “vocero” particular que contaba todo lo que acontecía y se hablaba en el interior del vestuario. ¡Cosas de críos!, que por otra parte no tienen la mayor importancia.
Yo soy de los que piensa que a los niños hay que formarlos educativa y futbolísticamente. Hemos de procurar hacer de ellos primero personas y luego deportistas. Hay que intentar inculcarles unos valores, aquellos que todo ser humano debe tener siempre presentes a lo largo de su vida. Créeme que lo he intentado aunque sé que no con todos lo he conseguido.
Analizando esta situación tengo que decir que, en conjunto, los niños han ido de más a menos. Hay un refrán que dice que “la confianza mata” y pudiera ser que eso es lo que ha ocurrido en las últimas semanas. Se les ha ofrecido la mano y han cogido el brazo entero.
Estoy muy orgulloso de todos ellos, muy contento por la temporada que han hecho, pero también he de decir que ha habido momentos en los que “casi” me han quitado la ilusión por entrenarlos.
A última hora no se han dejado enseñar, no han atendido a razones, no han sabido estar a la altura de las circunstancias y eso te desanima y te hace recapacitar, meditar, reflexionar y preguntarte ¿qué haces aquí?, o ¿para qué estás aquí? Fueron días “duros” en los que pensaba que no acababa la temporada, pero parece que los niños quisieron darse cuenta e intentaron enderezar el rumbo, aunque sin éxito, porque siempre hay alguno o algunos que no están por la labor. Al final, conseguimos terminar todos juntos el proyecto que habíamos empezado allá por finales de agosto del año pasado, cuando empezamos los entrenamientos (aunque “ayudados” por otros jugadores de uno de los equipos de categoría alevín).
En todo este tiempo (han sido algo más de nueve meses) nos hemos ido y seguido conociendo. Durante cuatro días (tres de entrenamientos y uno de partido) cada semana nos veíamos las caras.
En el equipo, individualmente, hay de todo como en “la viña del Señor”. Hay jugadores con más “compromiso” que otros. Los hay que no te causan ningún problema y los hay que sólo te crean problemas. Los hay que se toman esto en serio y los hay que se lo toman a cachondeo. Los hay que prestan atención y los hay que están en el limbo. Los hay que quieren aprender y los hay que no quieren que los enseñes...
Con todo, al final uno acaba de “aquella” manera. Deseando que se acabe cuanto antes y sin ganas de repetir.
Esto que he expuesto en estos párrafos de este artículo es lo que yo pienso, pero ¿qué opinas tú?
Toda aquella persona que haya seguido el blog (y al equipo) a lo largo de la temporada habrá podido comprobar que yo le he estado dando mucha importancia a la disciplina dentro del grupo, al comportamiento de los jugadores en el campo y en el vestuario, tanto en los entrenamientos como en los partidos.
Lo que ocurre en el vestuario siempre se les dice que es ahí donde debe quedarse, pero a mi me consta que no es así. Son niños y es normal, y más que comprensible, que se lo cuenten a sus familiares o incluso a sus amigos. Es más, hemos llegado a tener, según algunos de los otros compañeros del equipo, a un “vocero” particular que contaba todo lo que acontecía y se hablaba en el interior del vestuario. ¡Cosas de críos!, que por otra parte no tienen la mayor importancia.
Yo soy de los que piensa que a los niños hay que formarlos educativa y futbolísticamente. Hemos de procurar hacer de ellos primero personas y luego deportistas. Hay que intentar inculcarles unos valores, aquellos que todo ser humano debe tener siempre presentes a lo largo de su vida. Créeme que lo he intentado aunque sé que no con todos lo he conseguido.
Analizando esta situación tengo que decir que, en conjunto, los niños han ido de más a menos. Hay un refrán que dice que “la confianza mata” y pudiera ser que eso es lo que ha ocurrido en las últimas semanas. Se les ha ofrecido la mano y han cogido el brazo entero.
Estoy muy orgulloso de todos ellos, muy contento por la temporada que han hecho, pero también he de decir que ha habido momentos en los que “casi” me han quitado la ilusión por entrenarlos.
A última hora no se han dejado enseñar, no han atendido a razones, no han sabido estar a la altura de las circunstancias y eso te desanima y te hace recapacitar, meditar, reflexionar y preguntarte ¿qué haces aquí?, o ¿para qué estás aquí? Fueron días “duros” en los que pensaba que no acababa la temporada, pero parece que los niños quisieron darse cuenta e intentaron enderezar el rumbo, aunque sin éxito, porque siempre hay alguno o algunos que no están por la labor. Al final, conseguimos terminar todos juntos el proyecto que habíamos empezado allá por finales de agosto del año pasado, cuando empezamos los entrenamientos (aunque “ayudados” por otros jugadores de uno de los equipos de categoría alevín).
En todo este tiempo (han sido algo más de nueve meses) nos hemos ido y seguido conociendo. Durante cuatro días (tres de entrenamientos y uno de partido) cada semana nos veíamos las caras.
En el equipo, individualmente, hay de todo como en “la viña del Señor”. Hay jugadores con más “compromiso” que otros. Los hay que no te causan ningún problema y los hay que sólo te crean problemas. Los hay que se toman esto en serio y los hay que se lo toman a cachondeo. Los hay que prestan atención y los hay que están en el limbo. Los hay que quieren aprender y los hay que no quieren que los enseñes...
Con todo, al final uno acaba de “aquella” manera. Deseando que se acabe cuanto antes y sin ganas de repetir.
Esto que he expuesto en estos párrafos de este artículo es lo que yo pienso, pero ¿qué opinas tú?
