Hoy el comentario se orienta sobre la figura del entrenador. Responsable del equipo, deportivamente hablando. En la inmensa mayoría de los clubes de fútbol de pueblos como el nuestro, las personas que se dedican a la cantera no son profesionales de este deporte, sino simples aficionados. Su trabajo no se ve, no se percibe; pero cuando los niños se hacen mayores, ese trabajo sí que se nota, tanto en lo deportivo como en lo humano.
Hoy en día todo el mundo entiende de fútbol. Unos más que otros, desde luego, o al menos eso es lo que ellos piensan. Yo puedo comprobar semana a semana, tanto en nuestro campo como en los de los contrarios que hay tantos entrenadores como espectadores viendo el partido. Eso es así. Pero, verdaderamente ¿quién es el que conoce de "pe a pa" a los jugadores del equipo?.
El entrenador ejerce las tareas propias de su función, pero además es un pilar básico en la formación de los chavales, como jugadores y como personas.
Su trabajo, en lo deportivo, todos lo valoran para bien o para mal; pero nadie o casi nadie se da cuenta de la función formativa que desempeña. Como ya he comentado en alguna otra ocasión, los niños son niños y como tales se comportan. En el momento, del entrenamiento o del partido, en el que el comportamiento no es el adecuado es donde aparece la función formativa del entrenador.
Desde mi punto de vista, a los chavales hay que educarlos y concienciarlos, deportivamente hablando, para que todos y cada uno de los partidos que disputen discurran por los cauces normales deportivos que deben exigirse. La violencia, en cualquiera de sus manifestaciones, debe desaparecer de los campos de fútbol. He podido comprobar ya, en estas 7 jornadas de liga disputadas, la actitud de algunos padres (no de nuestro equipo desde luego) que se portan como auténticos descerebrados, incitando a sus hijos a la violencia, al juego sucio, a la bronca contínua... En fin, que eso no es el fútbol base. Desde todos los estamentos de nuestro club (directivos, entrenadores, jugadores, padres, familiares, aficionados...) deben sentarse las bases para que, como hasta ahora, el fútbol sea eso, fútbol, y no se convierta un terreno de juego en una escuela de formación para la violencia. Hay algunas personas repartidas por esos campos de fútbol extremeños (padres, familiares y amigos de los jugadores, así como algún que otro entrenador) que conciben el fútbol base como lo que no es.
El fútbol base lleva y conlleva, enseñanza del fútbol pero, sin dejar atrás la educación en valores, que hoy en día tanto se pronuncia y tan poco se lleva a la práctica.
Esa es una de las metas que me propuse desde el primer día que empecé a entrenar con chavales y que siempre tendré y mantendré como referente.
Pretendo que este texto, que es una reflexión muy personal, sirva también como punto de reflexión para todas y cada una de las personas interesadas en el fútbol base arroyano. ¿Entrenador y/o formador?.