Un dilema es, como todos sabemos, el hecho de tener que elegir entre dos cosas. Ahí, en esa situación me encuentro yo ahora mismo, tras el término del partido del pasado sábado en Don Benito.
En la entrada del blog del día de hoy referente a la crónica de ese partido, comentaba que salí decepcionado, pero no por el resultado o el juego del equipo, sino por la actitud de algunos, la inmensa mayoría, de mis jugadores, tanto dentro como fuera del terreno de juego. Así no, así ni se puede ni se debe. ¡Nos queda mucho por aprender!
Dije que hablaría, más bien escribiré, largo y tendido sobre este asunto y lo voy a hacer.
Tengo la sensación de que los valores que yo intento transmitir a los chavales no les llegan, porque sino es inexplicable que sucediera lo que sucedió el día de este partido al que nos referimos. Y esa sensación es la que me ha hecho llegar al siguiente dilema: seguir o no seguir entrenando al equipo de infantiles del Sanse.
Toda aquella persona que “se mueva” alrededor del club sabe que mi aprecio e interés por los niños es, en ocasiones, desmesurado; pero a mi también me gusta ser correspondido. Me gusta que se me obedezca sin rechistar, que no se me intente chulear, que se hagan las cosas tal y como yo las digo, “sin salirse un ápice del guión”. Yo estoy en esto del mundo del fútbol, comprometido con el fútbol base, sobre todo por mi hijo. No es nada nuevo, esto harto de decirlo y repetirlo. Y, además, porque me gusta “tratar” con niños.
Quizás mi estado de salud no sea, actualmente, el más apropiado para llevar este equipo de fútbol de categoría infantil. Eso, que ni lo pensaba al inicio de temporada, sí que me lo planteo después del cúmulo de indisciplinas que pude ver el pasado sábado en la inmensa mayoría de mis jugadores. Y conmigo así no, así no se funciona. A mi me gustan las cosas de otra manera. Yo soy muy consecuente con lo que hago y digo y me responsabilizo de mis actos, no soy de los que “tira la piedra y esconde la mano”. Estas y otras muchas “cosas” son las que intento transmitirles a “mis” jugadores, porque además del fútbol y su práctica, está la formación como personas. Algo muy importante en esta sociedad en la que vivimos.
Se dieron situaciones y circunstancias dentro y fuera del campo (hablamos siempre del partido del pasado sábado en Don Benito) que “mis” jugadores afrontaron de una manera totalmente inversa a como yo se las enseño. Y originaron, por primera vez, después de 20 partidos, “sacarme de mis casillas”. Pero fueron ellos, mis jugadores y no nadie más. Prueba de ello es la exaltada charla, de más de 20 minutos de duración, que tuvimos en el vestuario al finalizar el partido, llevada a cabo razonadamente pero por primera vez, en unos términos muy poco habituales e inusuales en mi, incluso, diría yo, desconocidos para los chavales. Pero que sirvieron de poco o nada, visto lo visto en el autobús, en el transcurso del viaje de vuelta al pueblo.
Decepcionado, pude comprobar como mis intentos de formación habían caído al vacío. Y, desde entonces, sólo me ronda una idea interrogante por la cabeza ¿seguir o no seguir como “entrenador” del equipo?
Estamos a seis jornadas del final del campeonato, encaramados en la tercera posición en la tabla clasificatoria, desarrollando, salvo excepciones muy puntuales, en términos generales un buen juego durante los partidos, ¿qué más podemos pedir?
Dicen que “una retirada a tiempo es una victoria”. Entonces ahora es el momento idóneo para que me vaya. A la vista de todos está lo que se ha hecho durante estos meses (desde agosto que empezamos). Nadie me puede reprochar absolutamente nada sobre el trabajo realizado con los niños, tanto en lo deportivo como en lo humano.
Pero el fútbol tiene estas cosas y el fútbol base también.
Para esa interrogante que se me pasa por la cabeza yo ya tengo la respuesta. Han sido más de 24 horas de profunda reflexión. Mucho tienen que cambiar las cosas, o sea, la actitud de mis jugadores, para que termine el campeonato como entrenador.
Desde aquí os pido a los 17 que reflexionéis, como lo he hecho yo, y analicéis lo sucedido.
Yo no puedo seguir con vosotros si corro el riesgo de que con un “berrinche” que me hagáis coger me dé otro “yuyu” y…
Lo siento por mi hijo y también por todos vosotros, pero así no.
Así no, así ni se puede ni se debe. Así, ni puedo, ni debo, ni quiero.
En la entrada del blog del día de hoy referente a la crónica de ese partido, comentaba que salí decepcionado, pero no por el resultado o el juego del equipo, sino por la actitud de algunos, la inmensa mayoría, de mis jugadores, tanto dentro como fuera del terreno de juego. Así no, así ni se puede ni se debe. ¡Nos queda mucho por aprender!
Dije que hablaría, más bien escribiré, largo y tendido sobre este asunto y lo voy a hacer.
Tengo la sensación de que los valores que yo intento transmitir a los chavales no les llegan, porque sino es inexplicable que sucediera lo que sucedió el día de este partido al que nos referimos. Y esa sensación es la que me ha hecho llegar al siguiente dilema: seguir o no seguir entrenando al equipo de infantiles del Sanse.
Toda aquella persona que “se mueva” alrededor del club sabe que mi aprecio e interés por los niños es, en ocasiones, desmesurado; pero a mi también me gusta ser correspondido. Me gusta que se me obedezca sin rechistar, que no se me intente chulear, que se hagan las cosas tal y como yo las digo, “sin salirse un ápice del guión”. Yo estoy en esto del mundo del fútbol, comprometido con el fútbol base, sobre todo por mi hijo. No es nada nuevo, esto harto de decirlo y repetirlo. Y, además, porque me gusta “tratar” con niños.
Quizás mi estado de salud no sea, actualmente, el más apropiado para llevar este equipo de fútbol de categoría infantil. Eso, que ni lo pensaba al inicio de temporada, sí que me lo planteo después del cúmulo de indisciplinas que pude ver el pasado sábado en la inmensa mayoría de mis jugadores. Y conmigo así no, así no se funciona. A mi me gustan las cosas de otra manera. Yo soy muy consecuente con lo que hago y digo y me responsabilizo de mis actos, no soy de los que “tira la piedra y esconde la mano”. Estas y otras muchas “cosas” son las que intento transmitirles a “mis” jugadores, porque además del fútbol y su práctica, está la formación como personas. Algo muy importante en esta sociedad en la que vivimos.
Se dieron situaciones y circunstancias dentro y fuera del campo (hablamos siempre del partido del pasado sábado en Don Benito) que “mis” jugadores afrontaron de una manera totalmente inversa a como yo se las enseño. Y originaron, por primera vez, después de 20 partidos, “sacarme de mis casillas”. Pero fueron ellos, mis jugadores y no nadie más. Prueba de ello es la exaltada charla, de más de 20 minutos de duración, que tuvimos en el vestuario al finalizar el partido, llevada a cabo razonadamente pero por primera vez, en unos términos muy poco habituales e inusuales en mi, incluso, diría yo, desconocidos para los chavales. Pero que sirvieron de poco o nada, visto lo visto en el autobús, en el transcurso del viaje de vuelta al pueblo.
Decepcionado, pude comprobar como mis intentos de formación habían caído al vacío. Y, desde entonces, sólo me ronda una idea interrogante por la cabeza ¿seguir o no seguir como “entrenador” del equipo?
Estamos a seis jornadas del final del campeonato, encaramados en la tercera posición en la tabla clasificatoria, desarrollando, salvo excepciones muy puntuales, en términos generales un buen juego durante los partidos, ¿qué más podemos pedir?
Dicen que “una retirada a tiempo es una victoria”. Entonces ahora es el momento idóneo para que me vaya. A la vista de todos está lo que se ha hecho durante estos meses (desde agosto que empezamos). Nadie me puede reprochar absolutamente nada sobre el trabajo realizado con los niños, tanto en lo deportivo como en lo humano.
Pero el fútbol tiene estas cosas y el fútbol base también.
Para esa interrogante que se me pasa por la cabeza yo ya tengo la respuesta. Han sido más de 24 horas de profunda reflexión. Mucho tienen que cambiar las cosas, o sea, la actitud de mis jugadores, para que termine el campeonato como entrenador.
Desde aquí os pido a los 17 que reflexionéis, como lo he hecho yo, y analicéis lo sucedido.
Yo no puedo seguir con vosotros si corro el riesgo de que con un “berrinche” que me hagáis coger me dé otro “yuyu” y…
Lo siento por mi hijo y también por todos vosotros, pero así no.
Así no, así ni se puede ni se debe. Así, ni puedo, ni debo, ni quiero.
