FÚTBOL BASE EN ARROYO: TEORÍA Y PRÁCTICA.

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lunes, 21 de abril de 2008

Un dilema

Un dilema es, como todos sabemos, el hecho de tener que elegir entre dos cosas. Ahí, en esa situación me encuentro yo ahora mismo, tras el término del partido del pasado sábado en Don Benito.
En la entrada del blog del día de hoy referente a la crónica de ese partido, comentaba que salí decepcionado, pero no por el resultado o el juego del equipo, sino por la actitud de algunos, la inmensa mayoría, de mis jugadores, tanto dentro como fuera del terreno de juego. Así no, así ni se puede ni se debe. ¡Nos queda mucho por aprender!
Dije que hablaría, más bien escribiré, largo y tendido sobre este asunto y lo voy a hacer.
Tengo la sensación de que los valores que yo intento transmitir a los chavales no les llegan, porque sino es inexplicable que sucediera lo que sucedió el día de este partido al que nos referimos. Y esa sensación es la que me ha hecho llegar al siguiente dilema: seguir o no seguir entrenando al equipo de infantiles del Sanse.
Toda aquella persona que “se mueva” alrededor del club sabe que mi aprecio e interés por los niños es, en ocasiones, desmesurado; pero a mi también me gusta ser correspondido. Me gusta que se me obedezca sin rechistar, que no se me intente chulear, que se hagan las cosas tal y como yo las digo, “sin salirse un ápice del guión”. Yo estoy en esto del mundo del fútbol, comprometido con el fútbol base, sobre todo por mi hijo. No es nada nuevo, esto harto de decirlo y repetirlo. Y, además, porque me gusta “tratar” con niños.
Quizás mi estado de salud no sea, actualmente, el más apropiado para llevar este equipo de fútbol de categoría infantil. Eso, que ni lo pensaba al inicio de temporada, sí que me lo planteo después del cúmulo de indisciplinas que pude ver el pasado sábado en la inmensa mayoría de mis jugadores. Y conmigo así no, así no se funciona. A mi me gustan las cosas de otra manera. Yo soy muy consecuente con lo que hago y digo y me responsabilizo de mis actos, no soy de los que “tira la piedra y esconde la mano”. Estas y otras muchas “cosas” son las que intento transmitirles a “mis” jugadores, porque además del fútbol y su práctica, está la formación como personas. Algo muy importante en esta sociedad en la que vivimos.
Se dieron situaciones y circunstancias dentro y fuera del campo (hablamos siempre del partido del pasado sábado en Don Benito) que “mis” jugadores afrontaron de una manera totalmente inversa a como yo se las enseño. Y originaron, por primera vez, después de 20 partidos, “sacarme de mis casillas”. Pero fueron ellos, mis jugadores y no nadie más. Prueba de ello es la exaltada charla, de más de 20 minutos de duración, que tuvimos en el vestuario al finalizar el partido, llevada a cabo razonadamente pero por primera vez, en unos términos muy poco habituales e inusuales en mi, incluso, diría yo, desconocidos para los chavales. Pero que sirvieron de poco o nada, visto lo visto en el autobús, en el transcurso del viaje de vuelta al pueblo.
Decepcionado, pude comprobar como mis intentos de formación habían caído al vacío. Y, desde entonces, sólo me ronda una idea interrogante por la cabeza ¿seguir o no seguir como “entrenador” del equipo?
Estamos a seis jornadas del final del campeonato, encaramados en la tercera posición en la tabla clasificatoria, desarrollando, salvo excepciones muy puntuales, en términos generales un buen juego durante los partidos, ¿qué más podemos pedir?
Dicen que “una retirada a tiempo es una victoria”. Entonces ahora es el momento idóneo para que me vaya. A la vista de todos está lo que se ha hecho durante estos meses (desde agosto que empezamos). Nadie me puede reprochar absolutamente nada sobre el trabajo realizado con los niños, tanto en lo deportivo como en lo humano.
Pero el fútbol tiene estas cosas y el fútbol base también.
Para esa interrogante que se me pasa por la cabeza yo ya tengo la respuesta. Han sido más de 24 horas de profunda reflexión. Mucho tienen que cambiar las cosas, o sea, la actitud de mis jugadores, para que termine el campeonato como entrenador.
Desde aquí os pido a los 17 que reflexionéis, como lo he hecho yo, y analicéis lo sucedido.
Yo no puedo seguir con vosotros si corro el riesgo de que con un “berrinche” que me hagáis coger me dé otro “yuyu” y…
Lo siento por mi hijo y también por todos vosotros, pero así no.
Así no, así ni se puede ni se debe. Así, ni puedo, ni debo, ni quiero.

A la afición de los infantiles del Sanse

Hoy, quiero dedicar esta entrada del blog a las madres, padres y demás familiares de los jugadores del equipo de categoría infantil del C.D. San Serván, que forman su afición. Este artículo tiene dos lecturas, una positiva y otra negativa.
Como no podía ser de otra manera, he de agradecer públicamente la asistencia de esa incondicional afición que siempre están ahí, animando a los niños, partido tras partido.
Además, también tengo que decir que debieran ser muchas más las personas que acompañasen al equipo cada jornada pero, siempre son las mismas. Desgraciadamente, no me queda más remedio que hacer desde aquí un llamamiento a esos padres y familiares que no van nunca para que acudan a ver de jugar a “sus” niños. También decir que, afortunadamente, aunque no son muchos los que van sí que son muy buenos. Su presencia en la grada demuestra un interés indiscutible por su hijo (aunque en ocasiones hay abuelos, hermanos, tíos, primos o amigos de ellos).
Gracias a todas y todos por estar ahí en cada partido dándoles y mostrándoles a los niños ese apoyo y ese ánimo que tanta falta les hace y tan bien les viene.
Gracias, de verdad, gracias.
Pero también tengo que deciros que habéis de ser más comedidos en vuestros comentarios desde la grada ya que llevamos unas jornadas que para lo único que sirven estos comentarios durante el partido es para “echarnos encima” al árbitro de turno.
Hay que ser más prudentes, porque los niños se acaban “caldeando” y “descentrando” del juego y del partido cuando escuchan frases altisonantes o fuera de tono de la boca de sus familiares. Hacedme caso, por favor. Es por el bien de los niños y del equipo.
Hasta ahora habéis destacado por ser una afición “grande” en todos los sentidos y así me gustaría que siguiera siendo. Tenéis que predicar con el ejemplo, para que los niños se vean reflejados en vosotros.
Hay que saber decir las cosas: cuándo y cómo. Hay muchas formas, modos y maneras de increpar la actuación de un árbitro, pero siempre tiene que primar la coherencia y el sentido común, para que los niños continúen por el sendero que les marca su “entrenador” y no se salgan.
A mí me consta que vuestra intención es buena y nada tengo que reprocharos, simplemente pediros, ante todo, prudencia.
Hay mucho sinvergüencilla que enmascarado con un silbato en la boca y amparado y arropado por otros como él, bajo la excusa de la presión de los padres que sólo ellos ven, acaban tirando por tierra la ilusión de nuestros niños.
No seamos “ni pardillos, ni zoquetes”, ni originemos situaciones de ese tipo. Al fin y al cabo, ese árbitro no deja de ser una persona que “tiene boca y se equivoca”.
Todos, padres, familiares y entrenador, debemos sembrar la semilla de la educación, de la deportividad, de las buenas maneras, de esos valores que el ser humano debe tener siempre presentes en un campo de fútbol.
Gracias de nuevo, y os espero el próximo sábado en el campo de fútbol municipal de Arroyo para animar a nuestros niños en su partido contra el C.P. Guareña.

martes, 15 de abril de 2008

El arbitraje en el fútbol base

En la entrada de ayer lunes “Crónica de la jornada 19” hacía mención a que en el partido hubo un único y verdadero protagonista, el señor colegiado.
¡Vaya un árbitro para el fútbol base! Se ha ganado todos mis respetos para que le dedique un artículo en exclusiva. Pero no le voy a dar esa satisfacción, porque no me gusta mucho individualizar y, además de él, voy a hablar de los árbitros en general.
Este señor, D. Antonio García Coria, se desplazó el pasado domingo a nuestra localidad a hacer un alarde de protagonismo. Ni siquiera anotaba los cambios o sustituciones de los jugadores de ambos equipos, se permitió el lujo de finalizar la primera parte en el minuto 32 de partido y añadir a la segunda cinco minutitos más. Se erigió en el centro de atención de los aficionados, jugadores y delegados de ambos equipos.
Intentó por todos los medios que nuestros chavales se “agarrotaran” e incluso lo consiguió en algunos momentos del partido, pero además dio origen a que los jugadores del equipo contrario se “cargaran de aires”.
En la primera mitad estuvo mediocre, pero en el segundo tiempo estuvo paupérrimo. Su afán de protagonismo desbordaba cualquier situación o lance de juego de nuestros jugadores. Nos pitó dos penaltis en contra que sólo él vio. Las situaciones de faltas inexistentes a favor del equipo rival se sucedían una y otra vez, casi siempre al borde del área o muy cerca de nuestra portería.
Fue todo un recital de cómo no se tiene que portar un árbitro que, supuestamente, es el director de la contienda, en un partido de niños, en un partido de fútbol base. Esto no es fútbol profesional, ni siquiera fútbol aficionado, ¡qué son niños, joder!
Este señor se propuso, no sé muy bien por qué, ayudar descaradamente al equipo contrario, aunque no lo consiguió. Le salió el tiro por la culata. Mantuvo una actitud más que chulesca durante todo el partido. ¿De dónde lo han sacado? ¿De dónde ha salido? ¡De pena, de auténtica pena!
Antes del inicio del partido me enteré de que este árbitro poco menos que se la tiene jurada a nuestro club. Se rumorea que, en su día, dijo algo así como que mientras él arbitrara el San Serván no ganaba.
Si esto es cierto y no un rumor ¿cómo lo mandan a que pite este partido? Me consta que desde el C.D. San Serván se hicieron las gestiones oportunas en la Federación solicitando que este señor no arbitrara ningún partido al club, pero parece ser que aquello se quedó en papel mojado.
A lo largo de las 19 jornadas disputadas hasta ahora hemos tenido arbitrajes para todos los gustos, como no podía ser de otra manera, pero éste ha sido la excepción que rompe la norma. Ha sido la gota que ha colmado el vaso.
Llevamos varias jornadas (y sobre todo las dos últimas) en las que los árbitros pareciera que quieren “putearnos” sin darse cuenta que lo único que consiguen es hacer perder la ilusión de unos niños.
Todos sabemos que son humanos, no máquinas, y que como tales cometen errores igual que los puede cometer cualquiera. Lo que “jode” es que siempre se equivoquen en contra del mismo equipo.
Una muestra de lo que digo: En Mérida, los arbitrajes son caseros a más no poder. Existe un auténtico “compadreo” entre los delegados o entrenadores de los equipos emeritenses y las personas que arbitran los partidos. El ejemplo más cercano, el de D. Francisco José Puerto Casquero, árbitro del partido U.D. Mérida “B”-C.D. San Serván.
Otro ejemplo, jornada nº 4, enfrentamiento entre el C.F. Pizarro y el C.D. San Serván, con arbitraje de D. Israel Fernández González. Este señor disfrutó “de lo lindo” en este partido, de tal manera que pedimos que no nos volviera a pitar más en un escrito que yo mismo hice. Pero para mi sorpresa, nos lo mandan a pitar en la jornada nº 10, en el partido de máxima rivalidad entre el San Serván y el Calamonte. ¡Vivir para ver! Dijo un ciego y nunca vio.
En cambio, los hay que pasan desapercibidos (D. Toribio Sánchez Alvarado, D. Francisco A. Guerrero Moreno, D. Fernando Bautista Ruiz-Beato, D. Pedro A. García Serrano, y otros muchos).
El arbitraje es difícil, sí, pero el que lo ejerce no lo puede hacer más difícil aún.
En el fútbol base, un árbitro lo primero que debe saber es que está tratando con niños. Nuestros jugadores ni son polémicos ni problemáticos y en el momento que surge en alguno de ellos un conato de ira, enojo o malos modos o maneras, ahí estoy yo para sacarlo del campo y cambiarlo por otro.
En estas edades todos somos formadores, tanto los árbitros como los entrenadores o delegados de los equipos.
Yo sé que hay mucho descerebrado suelto por los campos de fútbol que insultan y descalifican al árbitro del partido. Para mi eso también es denunciable. Lo mismo que lo es el comportamiento dentro del terreno de juego que llevó a cabo el árbitro del partido del pasado domingo.
Con estas reflexiones no pretendo menospreciar o insultar a nadie, ni individual ni colectivamente. A mi, el colectivo arbitral, o sea los árbitros y/o jueces de línea me merecen el máximo respeto y prueba de ello es que en contadísimas ocasiones me he llegado a dirigir a ninguno de ellos, verbalmente, durante los partidos, en los años que llevo “entrenando” y actuando como delegado de equipo, ya haya sido en fútbol femenino o en equipos de alevines e infantiles.
Hay que dejarlos actuar. Cada uno de mis 17 jugadores puede dar fe de que yo lo primero que les digo en cada partido antes de saltar al campo es que “al árbitro, ni pío”, “que son humanos y se equivocan” y que si fuese necesario “para protestar estoy yo”.
Lo que sí me gustan son las cosas claras y aquí lo único que hago es poner los puntos sobre las íes, ni más ni menos.
Desde el colectivo arbitral se ha de tratar a todos los equipos por igual, ya sean de pueblo o ciudad. Y nunca se debe salir a pitar a un campo de fútbol con el propósito de provocar a los propios jugadores, entrenadores o delegados e incluso encararse con la afición. Desde los estamentos que correspondan hay que poner fin a actuaciones arbitrales de este tipo. Nosotros, desde el club, tratamos por todos los medios que los partidos de los chavales discurran por los cauces deportivos que tienen que hacerlo y, hasta ahora, lo hemos logrado con éxito.
Con este artículo tan extenso (porque la ocasión lo requiere) lo que pretendo es realizar una crítica, severa pero constructiva, para que entre todos los que disfrutamos con este deporte y ayudamos a promover el ejercicio del mismo entre los niños y jóvenes, consigamos que ciertas acciones y actitudes desaparezcan por completo de, al menos, los terrenos de juego donde se practica el fútbol base. Ese y no otro es mi propósito.
No sé si estarás de acuerdo conmigo ¿sí o no?

sábado, 12 de abril de 2008

Con humildad

Una reflexión en voz alta y a la vista de tod@s para “mis” jugadores:
Humildad es sinónimo de sencillez o modestia. Así me gusta definir a este equipo de infantiles del C.D. San Serván. Un equipo humilde, sencillo, modesto. Un equipo que a base de lucha, esfuerzo, sacrificio y entrega está consiguiendo unas metas que parecían inalcanzables a principio de temporada.
Pero ser humildes conlleva tener los pies en el suelo y seguir trabajando igual como hasta ahora, porque a nosotros nadie nos ha regalado nada. Lo que hemos conseguido ha sido como consecuencia de una determinada serie de factores que se resumen en dos: trabajo y humildad.
Tras el resultado obtenido en la pasada jornada, parece que todos nos sentimos distintos (jugadores, afición, entrenador…). Parece como si se nos “hubiesen subido los humos” y tenemos que pensar en que seguimos siendo los mismos. En ese partido se disputaban tres puntos importantísimos que gracias a nuestro trabajo y humildad fueron a parar a nuestro casillero. Con humildad lo conseguimos y así debemos seguir.
Ganarle al todopoderoso equipo de la U.D. Mérida “B”, era difícil pero no imposible y así lo demostramos sobre el campo. Ahora, ese partido ya es historia. Esta semana tenemos otro bien distinto.
Aunque a lo largo de toda la semana he podido comprobar como la inmensa mayoría de los componentes del equipo está subida en una nube, se hace necesario bajar cuanto antes de ella, porque sino el batacazo puede ser impresionante.
Tenemos la obligación, repito, de tener los pies en el suelo e ir pasito a pasito, para que si se produce la caída, no nos resulte muy dolorosa. E incluso, mejor aún, para evitar esa posible caída.
Con estos párrafos, mi única pretensión es transmitiros una vez más lo que vengo haciendo durante todo el campeonato: querer es poder. Simple y llanamente.
Ahora mismo, con vuestra edad, practicar el deporte del fútbol es de lo más sano y saludable que podéis hacer. Pero, hacedme caso: hay que hacerlo con humildad.

martes, 8 de abril de 2008

Lo que diferencia a los clubes y las aficiones

Leí en un artículo que el fútbol se ha convertido en un escaparate donde muchos niños se miran debido a la enorme proyección mundial que se le ha dado a este deporte y donde muchos padres/madres y entrenadores proyectan en sus hijos o jugadores los deseos insatisfechos de lo que les gustaría ser.
Y es una verdad absoluta. En algunos clubes, desde edades muy tempranas ya observan y toman nota del progreso que llevan a cabo los chavales en los terrenos de juego, e incluso llega a tal punto el fanatismo sobre el fútbol que pocos de estos adultos anteponen la felicidad del niño a cambio del propio deseo de grandeza y lujo.
Me atrevo a decir que en esos mismos clubes, se ven hasta rivalidades y peleas entre los padres de chavales que juegan en el mismo equipo por el simple hecho de que uno es titular y el otro es suplente o no va convocado o entrenadores que “eligen” a sus jugadores como si fuesen cromos. No saben ellos que llegar a ser un jugador profesional de fútbol hoy en día es muy difícil porque depende de muchos factores, entre otros, la suerte.
A muchos padres habría que educarlos en principio para que no fueran tan forofos de sus hijos cuando están en las gradas y, haciendo este consejo extensible a algunos entrenadores también habría que impregnarlos de cierta dosis de realismo y humildad.
Así, con esta actitud de los padres/madres y por supuesto, también de sus entrenadores, los chavales se comen a los árbitros con el apoyo y aliento de sus mayores cuando los colegiados toman decisiones contrarias a los propios intereses de cada uno. O lo que resulta más vergonzoso, estos padres y madres insultan a los rivales, al árbitro e incluso a veces se produce algún conato de violencia física ante la mirada atónita del resto de los aficionados y estos chavales, cuando “no se salen con la suya”, siguen su ejemplo.
Afortunadamente, esto no ocurre en todos los equipos ni con todos los aficionados. Todavía quedan aficiones y entrenadores que tienen los pies en la tierra y saben que el fútbol es un deporte y que su práctica es importante para el mantenimiento de la salud.
Los adultos, como responsables de la educación de estos chicos, que se están formando, debemos inculcarles los valores de la práctica deportiva, tales como el respeto al contrario, la nobleza en el juego, el compañerismo, el esfuerzo, el espíritu de sacrificio, la solidaridad, la honestidad…, en definitiva, el juego limpio.
Es cierto que hay veces en las que pueden surgir discrepancias con las decisiones de los árbitros, de los entrenadores o del juego que practican los niños. Y es cierto que en ocasiones podemos olvidar todos estos valores que de sobra conocemos. No siempre resulta fácil tener en cuenta todos estos aspectos: equivocarse es de humanos pero rectificar es de sabios.
En los seis años que mis hijos llevan aprendiendo a jugar al fútbol, he visto dos clubes muy distintos y aficionados para todos los gustos. En la primera etapa hubo personas maravillosas (padres, madres, entrenadores, chicos) de las que tengo un grato recuerdo e incluso buenas amistades pero también dejé atrás a personas insensatas que no cambiarán en la vida.
Como conclusión a este artículo sólo me queda hacer una reflexión: Al igual que nuestros hijos van a entrenar cada día para seguir aprendiendo, debemos esforzarnos por cambiar esos comportamientos y actitudes, que a veces mostramos, para poder tener unos deportistas, y unos hijos, que disfruten con su deporte, respeten a sus adversarios y sean nuestro orgullo. Claro que si hay padres o entrenadores que carecen de estos valores, difícilmente podrán transmitírselos a sus hijos o jugadores.
Aprovecho este artículo, para dar mi más sincera felicitación a ese grupo de madres que acompañan a sus hijos en el equipo de los infantiles del San Serván. Quizás algunas de ellas no sabían lo que es un córner o un fuera de juego, porque hasta hace poco no habían asistido a ningún partido, pero demuestran una enorme educación, respeto y saber estar en un campo de fútbol. Ellas son el claro ejemplo de la verdadera afición, animando y apoyando a los niños cuando se gana y cuando se pierde.
Fdo.: Isa Serrano.

miércoles, 2 de abril de 2008

Nuevo logo


Como ya he comentado en ocasiones anteriores había recibido distintos dibujos como cabecera de logos para el blog. Cada mes sería uno diferente. Hoy, aunque con un pelín de retraso, presentamos el correspondiente al mes de abril.
Como podéis comprobar está muy bien hecho. En esta ocasión, su autora, ha reflejado el escudo del club, un balón y un guante, con las oportunas rayas rojiblancas.
Es una dedicación especial al club, de ahí el escudo, y muy especialmente a este “pedazo” de equipo de infantiles.
Lo tendremos como cabecera del blog durante todo este mes.
Esperemos que os guste porque mola cantidad. Dar vuestra opinión al respecto dejando el comentario que creáis oportuno.

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