TANTO TIEMPO PARA NADA
Cuando acabamos el entrenamiento de ayer que, por cierto, sólo fue de teórica porque el tiempo nos impidió saltar al campo, me llevé una desagradable sorpresa cuando salía del pasillo de vestuarios.
Pude ver algo que me enojó en cantidad y pensé que “tanto tiempo para nada”.
Tanto tiempo entrenando a los mismos chavales para luego llegar a esto.
Compañeros de equipo, amigos fuera del campo y de buenas a primeras me encuentro, sin saber muy bien por qué, con dos jugadores del equipo peleando como si fuesen enemigos. Dos jugadores tranquilos y serenos, de los que parece que nunca te van a dar ningún tipo de problema, ni a crearlo y mira por donde ayer llegaron a las manos.
Aún no salgo de mi asombro. Por ellos y por el resto. Ellos peleándose y los demás mirándolos, como si estuvieran viendo un espectáculo. Al escuchar mis voces, tan solo uno de los que miraban actuó con criterio intentando separarlos y lo consiguió. Pero fue algo muy bochornoso que no olvidaré fácilmente porque eso, que no tiene otro nombre más que violencia, es algo que yo ni les enseño ni les transmito y doy por hecho que desde sus familias tampoco.
La violencia sólo engendra más violencia. Si hacemos caso de aquello del “ojo por ojo” al final todos acabaremos medio ciegos.
No sé qué ha podido suceder para llegar a enzarzarse en una vulgar pelea dos jugadores del equipo una vez terminado el entrenamiento pero voy a intentar por todos los medios de averiguarlo y, además, voy a tomar medidas al respecto para que no se vuelvan a dar situaciones de este tipo.
Llevo ocho temporadas colaborando con este club como entrenador de los equipos de la cantera y aunque puede ocurrir que haya alguna diferencia entre los chavales jamás hasta ahora había sucedido algo así, entre otras razones porque siempre he tratado de transmitir a los chavales ciertos valores, como la amistad y el respeto.
He llegado a pensar en que a lo mejor va siendo hora de dejarlo después de estos más de ocho años. No sé cuál será el resultado final del partido de mañana contra Usagre ni tampoco me importa mucho, porque valoro bastante más otros aspectos y circunstancias en el equipo que el mero hecho de conseguir la victoria.
Algo está fallando en esta sociedad cuando los valores básicos y más elementales (tolerancia o respeto, por ejemplo) se están perdiendo o dejando en el olvido. Quizás, las madres y padres estamos fallando en la educación de nuestros hijos y, a su vez, quizás ellos también nos estén fallando a nosotros. Algo está pasando.
Este equipo de fútbol es, ante todo, un grupo de amigos y no de unos niñatos bordes. Somos el todo en el uno y el uno en el todo. Si esto deja de ser así, mejor que echemos el cerrojo, lo demos por acabado y nos quedemos cada uno en nuestras casas.
Tenemos que cambiar esa actitud que nos generan las hormonas y portarnos como seres humanos civilizados. El civismo nunca, jamás, ha estado reñido con el trabajo en grupo, en equipo. Las tareas en colectivo se hacen mejor que a nivel individual.
Espero y deseo, por el bien del equipo, que haya sido un caso aislado y que no vuelva a suceder. No obstante, tomaré medidas al respecto con rigor y seriedad, con severidad y sin que por ello me tiemble el pulso. Medidas a nivel deportivo para que sigamos funcionando como un equipo.
Cuando acabamos el entrenamiento de ayer que, por cierto, sólo fue de teórica porque el tiempo nos impidió saltar al campo, me llevé una desagradable sorpresa cuando salía del pasillo de vestuarios.
Pude ver algo que me enojó en cantidad y pensé que “tanto tiempo para nada”.
Tanto tiempo entrenando a los mismos chavales para luego llegar a esto.
Compañeros de equipo, amigos fuera del campo y de buenas a primeras me encuentro, sin saber muy bien por qué, con dos jugadores del equipo peleando como si fuesen enemigos. Dos jugadores tranquilos y serenos, de los que parece que nunca te van a dar ningún tipo de problema, ni a crearlo y mira por donde ayer llegaron a las manos.
Aún no salgo de mi asombro. Por ellos y por el resto. Ellos peleándose y los demás mirándolos, como si estuvieran viendo un espectáculo. Al escuchar mis voces, tan solo uno de los que miraban actuó con criterio intentando separarlos y lo consiguió. Pero fue algo muy bochornoso que no olvidaré fácilmente porque eso, que no tiene otro nombre más que violencia, es algo que yo ni les enseño ni les transmito y doy por hecho que desde sus familias tampoco.
La violencia sólo engendra más violencia. Si hacemos caso de aquello del “ojo por ojo” al final todos acabaremos medio ciegos.
No sé qué ha podido suceder para llegar a enzarzarse en una vulgar pelea dos jugadores del equipo una vez terminado el entrenamiento pero voy a intentar por todos los medios de averiguarlo y, además, voy a tomar medidas al respecto para que no se vuelvan a dar situaciones de este tipo.
Llevo ocho temporadas colaborando con este club como entrenador de los equipos de la cantera y aunque puede ocurrir que haya alguna diferencia entre los chavales jamás hasta ahora había sucedido algo así, entre otras razones porque siempre he tratado de transmitir a los chavales ciertos valores, como la amistad y el respeto.
He llegado a pensar en que a lo mejor va siendo hora de dejarlo después de estos más de ocho años. No sé cuál será el resultado final del partido de mañana contra Usagre ni tampoco me importa mucho, porque valoro bastante más otros aspectos y circunstancias en el equipo que el mero hecho de conseguir la victoria.
Algo está fallando en esta sociedad cuando los valores básicos y más elementales (tolerancia o respeto, por ejemplo) se están perdiendo o dejando en el olvido. Quizás, las madres y padres estamos fallando en la educación de nuestros hijos y, a su vez, quizás ellos también nos estén fallando a nosotros. Algo está pasando.
Este equipo de fútbol es, ante todo, un grupo de amigos y no de unos niñatos bordes. Somos el todo en el uno y el uno en el todo. Si esto deja de ser así, mejor que echemos el cerrojo, lo demos por acabado y nos quedemos cada uno en nuestras casas.
Tenemos que cambiar esa actitud que nos generan las hormonas y portarnos como seres humanos civilizados. El civismo nunca, jamás, ha estado reñido con el trabajo en grupo, en equipo. Las tareas en colectivo se hacen mejor que a nivel individual.
Espero y deseo, por el bien del equipo, que haya sido un caso aislado y que no vuelva a suceder. No obstante, tomaré medidas al respecto con rigor y seriedad, con severidad y sin que por ello me tiemble el pulso. Medidas a nivel deportivo para que sigamos funcionando como un equipo.