Leí en un artículo que el fútbol se ha convertido en un escaparate donde muchos niños se miran debido a la enorme proyección mundial que se le ha dado a este deporte y donde muchos padres/madres y entrenadores proyectan en sus hijos o jugadores los deseos insatisfechos de lo que les gustaría ser.
Y es una verdad absoluta. En algunos clubes, desde edades muy tempranas ya observan y toman nota del progreso que llevan a cabo los chavales en los terrenos de juego, e incluso llega a tal punto el fanatismo sobre el fútbol que pocos de estos adultos anteponen la felicidad del niño a cambio del propio deseo de grandeza y lujo.
Me atrevo a decir que en esos mismos clubes, se ven hasta rivalidades y peleas entre los padres de chavales que juegan en el mismo equipo por el simple hecho de que uno es titular y el otro es suplente o no va convocado o entrenadores que “eligen” a sus jugadores como si fuesen cromos. No saben ellos que llegar a ser un jugador profesional de fútbol hoy en día es muy difícil porque depende de muchos factores, entre otros, la suerte.
A muchos padres habría que educarlos en principio para que no fueran tan forofos de sus hijos cuando están en las gradas y, haciendo este consejo extensible a algunos entrenadores también habría que impregnarlos de cierta dosis de realismo y humildad.
Así, con esta actitud de los padres/madres y por supuesto, también de sus entrenadores, los chavales se comen a los árbitros con el apoyo y aliento de sus mayores cuando los colegiados toman decisiones contrarias a los propios intereses de cada uno. O lo que resulta más vergonzoso, estos padres y madres insultan a los rivales, al árbitro e incluso a veces se produce algún conato de violencia física ante la mirada atónita del resto de los aficionados y estos chavales, cuando “no se salen con la suya”, siguen su ejemplo.
Afortunadamente, esto no ocurre en todos los equipos ni con todos los aficionados. Todavía quedan aficiones y entrenadores que tienen los pies en la tierra y saben que el fútbol es un deporte y que su práctica es importante para el mantenimiento de la salud.
Los adultos, como responsables de la educación de estos chicos, que se están formando, debemos inculcarles los valores de la práctica deportiva, tales como el respeto al contrario, la nobleza en el juego, el compañerismo, el esfuerzo, el espíritu de sacrificio, la solidaridad, la honestidad…, en definitiva, el juego limpio.
Es cierto que hay veces en las que pueden surgir discrepancias con las decisiones de los árbitros, de los entrenadores o del juego que practican los niños. Y es cierto que en ocasiones podemos olvidar todos estos valores que de sobra conocemos. No siempre resulta fácil tener en cuenta todos estos aspectos: equivocarse es de humanos pero rectificar es de sabios.
En los seis años que mis hijos llevan aprendiendo a jugar al fútbol, he visto dos clubes muy distintos y aficionados para todos los gustos. En la primera etapa hubo personas maravillosas (padres, madres, entrenadores, chicos) de las que tengo un grato recuerdo e incluso buenas amistades pero también dejé atrás a personas insensatas que no cambiarán en la vida.
Como conclusión a este artículo sólo me queda hacer una reflexión: Al igual que nuestros hijos van a entrenar cada día para seguir aprendiendo, debemos esforzarnos por cambiar esos comportamientos y actitudes, que a veces mostramos, para poder tener unos deportistas, y unos hijos, que disfruten con su deporte, respeten a sus adversarios y sean nuestro orgullo. Claro que si hay padres o entrenadores que carecen de estos valores, difícilmente podrán transmitírselos a sus hijos o jugadores.
Aprovecho este artículo, para dar mi más sincera felicitación a ese grupo de madres que acompañan a sus hijos en el equipo de los infantiles del San Serván. Quizás algunas de ellas no sabían lo que es un córner o un fuera de juego, porque hasta hace poco no habían asistido a ningún partido, pero demuestran una enorme educación, respeto y saber estar en un campo de fútbol. Ellas son el claro ejemplo de la verdadera afición, animando y apoyando a los niños cuando se gana y cuando se pierde.
Fdo.: Isa Serrano.
Y es una verdad absoluta. En algunos clubes, desde edades muy tempranas ya observan y toman nota del progreso que llevan a cabo los chavales en los terrenos de juego, e incluso llega a tal punto el fanatismo sobre el fútbol que pocos de estos adultos anteponen la felicidad del niño a cambio del propio deseo de grandeza y lujo.
Me atrevo a decir que en esos mismos clubes, se ven hasta rivalidades y peleas entre los padres de chavales que juegan en el mismo equipo por el simple hecho de que uno es titular y el otro es suplente o no va convocado o entrenadores que “eligen” a sus jugadores como si fuesen cromos. No saben ellos que llegar a ser un jugador profesional de fútbol hoy en día es muy difícil porque depende de muchos factores, entre otros, la suerte.
A muchos padres habría que educarlos en principio para que no fueran tan forofos de sus hijos cuando están en las gradas y, haciendo este consejo extensible a algunos entrenadores también habría que impregnarlos de cierta dosis de realismo y humildad.
Así, con esta actitud de los padres/madres y por supuesto, también de sus entrenadores, los chavales se comen a los árbitros con el apoyo y aliento de sus mayores cuando los colegiados toman decisiones contrarias a los propios intereses de cada uno. O lo que resulta más vergonzoso, estos padres y madres insultan a los rivales, al árbitro e incluso a veces se produce algún conato de violencia física ante la mirada atónita del resto de los aficionados y estos chavales, cuando “no se salen con la suya”, siguen su ejemplo.
Afortunadamente, esto no ocurre en todos los equipos ni con todos los aficionados. Todavía quedan aficiones y entrenadores que tienen los pies en la tierra y saben que el fútbol es un deporte y que su práctica es importante para el mantenimiento de la salud.
Los adultos, como responsables de la educación de estos chicos, que se están formando, debemos inculcarles los valores de la práctica deportiva, tales como el respeto al contrario, la nobleza en el juego, el compañerismo, el esfuerzo, el espíritu de sacrificio, la solidaridad, la honestidad…, en definitiva, el juego limpio.
Es cierto que hay veces en las que pueden surgir discrepancias con las decisiones de los árbitros, de los entrenadores o del juego que practican los niños. Y es cierto que en ocasiones podemos olvidar todos estos valores que de sobra conocemos. No siempre resulta fácil tener en cuenta todos estos aspectos: equivocarse es de humanos pero rectificar es de sabios.
En los seis años que mis hijos llevan aprendiendo a jugar al fútbol, he visto dos clubes muy distintos y aficionados para todos los gustos. En la primera etapa hubo personas maravillosas (padres, madres, entrenadores, chicos) de las que tengo un grato recuerdo e incluso buenas amistades pero también dejé atrás a personas insensatas que no cambiarán en la vida.
Como conclusión a este artículo sólo me queda hacer una reflexión: Al igual que nuestros hijos van a entrenar cada día para seguir aprendiendo, debemos esforzarnos por cambiar esos comportamientos y actitudes, que a veces mostramos, para poder tener unos deportistas, y unos hijos, que disfruten con su deporte, respeten a sus adversarios y sean nuestro orgullo. Claro que si hay padres o entrenadores que carecen de estos valores, difícilmente podrán transmitírselos a sus hijos o jugadores.
Aprovecho este artículo, para dar mi más sincera felicitación a ese grupo de madres que acompañan a sus hijos en el equipo de los infantiles del San Serván. Quizás algunas de ellas no sabían lo que es un córner o un fuera de juego, porque hasta hace poco no habían asistido a ningún partido, pero demuestran una enorme educación, respeto y saber estar en un campo de fútbol. Ellas son el claro ejemplo de la verdadera afición, animando y apoyando a los niños cuando se gana y cuando se pierde.
Fdo.: Isa Serrano.