FÚTBOL BASE EN ARROYO: TEORÍA Y PRÁCTICA.

Estadísticas de Visitas

martes, 15 de abril de 2008

El arbitraje en el fútbol base

En la entrada de ayer lunes “Crónica de la jornada 19” hacía mención a que en el partido hubo un único y verdadero protagonista, el señor colegiado.
¡Vaya un árbitro para el fútbol base! Se ha ganado todos mis respetos para que le dedique un artículo en exclusiva. Pero no le voy a dar esa satisfacción, porque no me gusta mucho individualizar y, además de él, voy a hablar de los árbitros en general.
Este señor, D. Antonio García Coria, se desplazó el pasado domingo a nuestra localidad a hacer un alarde de protagonismo. Ni siquiera anotaba los cambios o sustituciones de los jugadores de ambos equipos, se permitió el lujo de finalizar la primera parte en el minuto 32 de partido y añadir a la segunda cinco minutitos más. Se erigió en el centro de atención de los aficionados, jugadores y delegados de ambos equipos.
Intentó por todos los medios que nuestros chavales se “agarrotaran” e incluso lo consiguió en algunos momentos del partido, pero además dio origen a que los jugadores del equipo contrario se “cargaran de aires”.
En la primera mitad estuvo mediocre, pero en el segundo tiempo estuvo paupérrimo. Su afán de protagonismo desbordaba cualquier situación o lance de juego de nuestros jugadores. Nos pitó dos penaltis en contra que sólo él vio. Las situaciones de faltas inexistentes a favor del equipo rival se sucedían una y otra vez, casi siempre al borde del área o muy cerca de nuestra portería.
Fue todo un recital de cómo no se tiene que portar un árbitro que, supuestamente, es el director de la contienda, en un partido de niños, en un partido de fútbol base. Esto no es fútbol profesional, ni siquiera fútbol aficionado, ¡qué son niños, joder!
Este señor se propuso, no sé muy bien por qué, ayudar descaradamente al equipo contrario, aunque no lo consiguió. Le salió el tiro por la culata. Mantuvo una actitud más que chulesca durante todo el partido. ¿De dónde lo han sacado? ¿De dónde ha salido? ¡De pena, de auténtica pena!
Antes del inicio del partido me enteré de que este árbitro poco menos que se la tiene jurada a nuestro club. Se rumorea que, en su día, dijo algo así como que mientras él arbitrara el San Serván no ganaba.
Si esto es cierto y no un rumor ¿cómo lo mandan a que pite este partido? Me consta que desde el C.D. San Serván se hicieron las gestiones oportunas en la Federación solicitando que este señor no arbitrara ningún partido al club, pero parece ser que aquello se quedó en papel mojado.
A lo largo de las 19 jornadas disputadas hasta ahora hemos tenido arbitrajes para todos los gustos, como no podía ser de otra manera, pero éste ha sido la excepción que rompe la norma. Ha sido la gota que ha colmado el vaso.
Llevamos varias jornadas (y sobre todo las dos últimas) en las que los árbitros pareciera que quieren “putearnos” sin darse cuenta que lo único que consiguen es hacer perder la ilusión de unos niños.
Todos sabemos que son humanos, no máquinas, y que como tales cometen errores igual que los puede cometer cualquiera. Lo que “jode” es que siempre se equivoquen en contra del mismo equipo.
Una muestra de lo que digo: En Mérida, los arbitrajes son caseros a más no poder. Existe un auténtico “compadreo” entre los delegados o entrenadores de los equipos emeritenses y las personas que arbitran los partidos. El ejemplo más cercano, el de D. Francisco José Puerto Casquero, árbitro del partido U.D. Mérida “B”-C.D. San Serván.
Otro ejemplo, jornada nº 4, enfrentamiento entre el C.F. Pizarro y el C.D. San Serván, con arbitraje de D. Israel Fernández González. Este señor disfrutó “de lo lindo” en este partido, de tal manera que pedimos que no nos volviera a pitar más en un escrito que yo mismo hice. Pero para mi sorpresa, nos lo mandan a pitar en la jornada nº 10, en el partido de máxima rivalidad entre el San Serván y el Calamonte. ¡Vivir para ver! Dijo un ciego y nunca vio.
En cambio, los hay que pasan desapercibidos (D. Toribio Sánchez Alvarado, D. Francisco A. Guerrero Moreno, D. Fernando Bautista Ruiz-Beato, D. Pedro A. García Serrano, y otros muchos).
El arbitraje es difícil, sí, pero el que lo ejerce no lo puede hacer más difícil aún.
En el fútbol base, un árbitro lo primero que debe saber es que está tratando con niños. Nuestros jugadores ni son polémicos ni problemáticos y en el momento que surge en alguno de ellos un conato de ira, enojo o malos modos o maneras, ahí estoy yo para sacarlo del campo y cambiarlo por otro.
En estas edades todos somos formadores, tanto los árbitros como los entrenadores o delegados de los equipos.
Yo sé que hay mucho descerebrado suelto por los campos de fútbol que insultan y descalifican al árbitro del partido. Para mi eso también es denunciable. Lo mismo que lo es el comportamiento dentro del terreno de juego que llevó a cabo el árbitro del partido del pasado domingo.
Con estas reflexiones no pretendo menospreciar o insultar a nadie, ni individual ni colectivamente. A mi, el colectivo arbitral, o sea los árbitros y/o jueces de línea me merecen el máximo respeto y prueba de ello es que en contadísimas ocasiones me he llegado a dirigir a ninguno de ellos, verbalmente, durante los partidos, en los años que llevo “entrenando” y actuando como delegado de equipo, ya haya sido en fútbol femenino o en equipos de alevines e infantiles.
Hay que dejarlos actuar. Cada uno de mis 17 jugadores puede dar fe de que yo lo primero que les digo en cada partido antes de saltar al campo es que “al árbitro, ni pío”, “que son humanos y se equivocan” y que si fuese necesario “para protestar estoy yo”.
Lo que sí me gustan son las cosas claras y aquí lo único que hago es poner los puntos sobre las íes, ni más ni menos.
Desde el colectivo arbitral se ha de tratar a todos los equipos por igual, ya sean de pueblo o ciudad. Y nunca se debe salir a pitar a un campo de fútbol con el propósito de provocar a los propios jugadores, entrenadores o delegados e incluso encararse con la afición. Desde los estamentos que correspondan hay que poner fin a actuaciones arbitrales de este tipo. Nosotros, desde el club, tratamos por todos los medios que los partidos de los chavales discurran por los cauces deportivos que tienen que hacerlo y, hasta ahora, lo hemos logrado con éxito.
Con este artículo tan extenso (porque la ocasión lo requiere) lo que pretendo es realizar una crítica, severa pero constructiva, para que entre todos los que disfrutamos con este deporte y ayudamos a promover el ejercicio del mismo entre los niños y jóvenes, consigamos que ciertas acciones y actitudes desaparezcan por completo de, al menos, los terrenos de juego donde se practica el fútbol base. Ese y no otro es mi propósito.
No sé si estarás de acuerdo conmigo ¿sí o no?

Entradas populares

Búsqueda de Blogs en Blogger

Búsqueda dentro del Blog

Búsqueda de Blogs en Google


en Web en Blog