En el post anterior hacía una pequeña mención al árbitro del último partido disputado. Este otro se lo voy a dedicar enterito.
El pasado sábado 28 de marzo de 2009, en el partido correspondiente a la jornada nº 18 del campeonato de liga, disputado entre el C.D. San Serván y el C.D. Santa Amalia, tuvimos el "placer" de contar como juez de la contienda con el colegiado número 412 (creo) del comité extremeño.
Como persona no sé como será y la verdad tampoco me importa, pero como árbitro de fútbol deja mucho que desear.
La temporada pasada nos pitó dos partidos, uno como local, que ganamos, y otro como visitante, que perdimos. En ésta era la primera vez y espero que no vuelva en lo que queda de campeonato, aunque no creo que tengamos tanta suerte.
Dicen que este hombre siente una especial simpatía por el club de Arroyo en cualquiera de sus categorías y que para él supone una gozada el pitarle los partidos y ¡qué los pierdan! ¿Será verdad? Puede que sí, aunque también puede que no.
Lo que sí está claro es que esta persona no vale para árbitro de fútbol. No tiene ese don salomónico que tienen otros colegiados. Éste pita cuando menos debe.
En la temporada pasada nos la jugó en Calamonte. En ésta había hecho lo mismo con el equipo rival, el Santa Amalia, también en Calamonte, hacía un par de semanas.
Por eso, ni uno ni otro lo queríamos, pero nos tocó. ¡Cosas del fútbol!
Estuvo en su línea de siempre: arrogante, prepotente, vacilón y provocador con todo lo que respira tanto dentro como fuera del terreno de juego. Tocando el silbato constantemente. No dejando de jugar. Con el partido más tiempo parado que en juego. Aunque en esta ocasión no influyó en el resultado, sí que, como siempre, ayudó a desestabilizar a los jugadores de ambos equipos. Este hombre hace que te cambie el estado de ánimo tanto si estás jugando en un campo de fútbol como si estás sentado en un banquillo. ¡Es la hostia!
Más pronto que tarde, como no cambie de actitud, esa forma de ser le acabará pasando factura.
Este hombre es, como árbitro de fútbol, único, inigualable e irrepetible.
Y no lo digo yo, lo dicen todos. Hasta sus propios compañeros de "profesión" futbolística.
En fin, lo dicho, ¡cosas del fútbol!
El pasado sábado 28 de marzo de 2009, en el partido correspondiente a la jornada nº 18 del campeonato de liga, disputado entre el C.D. San Serván y el C.D. Santa Amalia, tuvimos el "placer" de contar como juez de la contienda con el colegiado número 412 (creo) del comité extremeño.
Como persona no sé como será y la verdad tampoco me importa, pero como árbitro de fútbol deja mucho que desear.
La temporada pasada nos pitó dos partidos, uno como local, que ganamos, y otro como visitante, que perdimos. En ésta era la primera vez y espero que no vuelva en lo que queda de campeonato, aunque no creo que tengamos tanta suerte.
Dicen que este hombre siente una especial simpatía por el club de Arroyo en cualquiera de sus categorías y que para él supone una gozada el pitarle los partidos y ¡qué los pierdan! ¿Será verdad? Puede que sí, aunque también puede que no.
Lo que sí está claro es que esta persona no vale para árbitro de fútbol. No tiene ese don salomónico que tienen otros colegiados. Éste pita cuando menos debe.
En la temporada pasada nos la jugó en Calamonte. En ésta había hecho lo mismo con el equipo rival, el Santa Amalia, también en Calamonte, hacía un par de semanas.
Por eso, ni uno ni otro lo queríamos, pero nos tocó. ¡Cosas del fútbol!
Estuvo en su línea de siempre: arrogante, prepotente, vacilón y provocador con todo lo que respira tanto dentro como fuera del terreno de juego. Tocando el silbato constantemente. No dejando de jugar. Con el partido más tiempo parado que en juego. Aunque en esta ocasión no influyó en el resultado, sí que, como siempre, ayudó a desestabilizar a los jugadores de ambos equipos. Este hombre hace que te cambie el estado de ánimo tanto si estás jugando en un campo de fútbol como si estás sentado en un banquillo. ¡Es la hostia!
Más pronto que tarde, como no cambie de actitud, esa forma de ser le acabará pasando factura.
Este hombre es, como árbitro de fútbol, único, inigualable e irrepetible.
Y no lo digo yo, lo dicen todos. Hasta sus propios compañeros de "profesión" futbolística.
En fin, lo dicho, ¡cosas del fútbol!