Bien dice el refrán que “Del dicho al hecho hay un gran trecho”.
El pasado jueves 7 de febrero, hace justo una semana, publicaba una entrada bajo el título “Acuerdos internos del equipo” con un texto consensuado de mutuo acuerdo por todos los jugadores y el “entrenador” del equipo de infantiles sobre el establecimiento de una norma relativa a la no asistencia sin justificación a los entrenamientos, llegar tarde a los mismos o a la citación de la convocatoria de los partidos. Por cualquiera de esas tres causas el jugador abonaría 1 euro. Con el total recaudado, al término del campeonato de liga habría sorpresas…
Pues bien, este “acuerdo” ha durado menos que una saliva en una plancha, ni más ni menos que tres días.
Parecía que había tenido buena aceptación por parte de todos los chavales pero, ya sabemos que cuando se trata de dinero… la cosa cambia.
En el entrenamiento del lunes día 11, incumplieron la norma 5 jugadores y ayer miércoles sólo uno.
No parecía mala la idea, porque al final, aunque mucho dinero no se iba a recaudar se volvería a reinvertir en ellos mismos, en los jugadores de la plantilla. Además, hilvanando con el comentario de ayer, también parecía una buena manera de implantar cierta disciplina dentro del grupo. Parecía también una forma de motivarlos (en muchos equipos se hace e incluso en categorías inferiores). Parecía positivo para el grupo.
Pero era eso, un parecer. No ha sido así, ¡nuestro gozo en un pozo! Pero no importa, yo ya lo preveía. Me veía venir algún “pero”. Y así ha ocurrido.
Pero estas situaciones son “cosas de dentro”, que para nada tienen que salir del contexto de lo que es el equipo en su conjunto. Se queda entre nosotros, los jugadores y el “entrenador”. Y de ahí no sale. Las causas, los motivos, "de puertas para adentro". Hacia fuera, nada de nada.
Desde el día de hoy esa norma no tiene validez alguna. Queda derogada, suprimida, eliminada, para siempre.
Ya tengo otras ideas en la cabeza para llevar a cabo (que, por supuesto, no tienen relación con el dinero). Y creo que en esta ocasión no le va a parecer a nadie “ninguna tontería”. ¡A ver si tenemos suerte y acertamos!
Tengo que deciros a vosotros los jugadores, que mientras que yo esté al cargo del equipo trataré de solventar de la mejor manera posible las ráfagas de indisciplina que se puedan producir.
Ya se han producido, se producen y se seguirán produciendo. Es casi inevitable sino ponemos todos de nuestra parte.
Como decía ayer, la disciplina, para mí, es básica, esencial, fundamental, para el buen orden y funcionamiento del equipo.
El día que esa indisciplina no la pueda controlar, que se me escape de las manos, os quedaréis sin este “entrenador”. Ya os lo he dicho en más de una ocasión.
A mí me gustan los buenos modos y maneras. Siempre os he pedido respeto y entrega. Y así lo seguiré haciendo hasta el día que deje de entrenaros.
Por favor, ¡tomad nota, que ya no sois tan niños!
El pasado jueves 7 de febrero, hace justo una semana, publicaba una entrada bajo el título “Acuerdos internos del equipo” con un texto consensuado de mutuo acuerdo por todos los jugadores y el “entrenador” del equipo de infantiles sobre el establecimiento de una norma relativa a la no asistencia sin justificación a los entrenamientos, llegar tarde a los mismos o a la citación de la convocatoria de los partidos. Por cualquiera de esas tres causas el jugador abonaría 1 euro. Con el total recaudado, al término del campeonato de liga habría sorpresas…
Pues bien, este “acuerdo” ha durado menos que una saliva en una plancha, ni más ni menos que tres días.
Parecía que había tenido buena aceptación por parte de todos los chavales pero, ya sabemos que cuando se trata de dinero… la cosa cambia.
En el entrenamiento del lunes día 11, incumplieron la norma 5 jugadores y ayer miércoles sólo uno.
No parecía mala la idea, porque al final, aunque mucho dinero no se iba a recaudar se volvería a reinvertir en ellos mismos, en los jugadores de la plantilla. Además, hilvanando con el comentario de ayer, también parecía una buena manera de implantar cierta disciplina dentro del grupo. Parecía también una forma de motivarlos (en muchos equipos se hace e incluso en categorías inferiores). Parecía positivo para el grupo.
Pero era eso, un parecer. No ha sido así, ¡nuestro gozo en un pozo! Pero no importa, yo ya lo preveía. Me veía venir algún “pero”. Y así ha ocurrido.
Pero estas situaciones son “cosas de dentro”, que para nada tienen que salir del contexto de lo que es el equipo en su conjunto. Se queda entre nosotros, los jugadores y el “entrenador”. Y de ahí no sale. Las causas, los motivos, "de puertas para adentro". Hacia fuera, nada de nada.
Desde el día de hoy esa norma no tiene validez alguna. Queda derogada, suprimida, eliminada, para siempre.
Ya tengo otras ideas en la cabeza para llevar a cabo (que, por supuesto, no tienen relación con el dinero). Y creo que en esta ocasión no le va a parecer a nadie “ninguna tontería”. ¡A ver si tenemos suerte y acertamos!
Tengo que deciros a vosotros los jugadores, que mientras que yo esté al cargo del equipo trataré de solventar de la mejor manera posible las ráfagas de indisciplina que se puedan producir.
Ya se han producido, se producen y se seguirán produciendo. Es casi inevitable sino ponemos todos de nuestra parte.
Como decía ayer, la disciplina, para mí, es básica, esencial, fundamental, para el buen orden y funcionamiento del equipo.
El día que esa indisciplina no la pueda controlar, que se me escape de las manos, os quedaréis sin este “entrenador”. Ya os lo he dicho en más de una ocasión.
A mí me gustan los buenos modos y maneras. Siempre os he pedido respeto y entrega. Y así lo seguiré haciendo hasta el día que deje de entrenaros.
Por favor, ¡tomad nota, que ya no sois tan niños!